«Carta de un Psicólogo a …»

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En el post anterior quise acercaros a lo que se entiende por Psicología desde una definición más científica, alejándome de la idea popular de lo que se entiende por Psicología.

En el post de esta semana, continuamos “Acercándonos a la Psicología” y para ello, me gustaría compartir con vosotr@s una carta que ha publicado en redes sociales un reconocido profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, el cual tuve el placer de conocer y ser su alumna hace un par de años, para hablar de  la figura del Psicólog@ y todo lo que puede llegar a abarcar esta profesión, tanto para las personas en general como para el propio profesional en particular, llegando incluso a poderos sorprender.

En esta Carta quiere explicar a sus alumnos de Psicología, futuros Psicólogos, que significa ser Psicólog@, hablando desde su perspectiva como profesor y profesional de la Psicología.

Sé que puede pareceros algo larga, pero si de verdad queréis saber lo que es un Psicólog@ y qué significa para un Psicólog@ su profesión, leerla hasta el final, para mí es muy emotiva, veraz y clarificadora. Me identifico muchísimo como profesional con lo que cuenta en esta carta, seguro que cuando lo hagáis entenderéis por qué lo digo.

“CARTA A UN/A JOVEN PSICÓLOGO/A”
“No es fácil transmitir lo que significa ser psicólogo/a (o psicoterapeuta) a un estudiante de psicología. Desde luego, no a través de una presentación de powerpoint. A veces, puede parecer como algo frío, como dispensar tratamientos, o rehabilitar procesos mentales disfuncionales. Pero cuando piensas en cómo lo vive el paciente, cuando te pones en su piel, ahí es donde se puede entrever lo que significa realmente.
Ellos te confían sus secretos y sus miedos, llegando a confiar plenamente en ti; te cuentan cosas que jamás contarían a otro profesional, ni a cualquier otro médico, incluso a ningún familiar. A cambio tú les permites convertirse en una persona diferente, les ayudas a romper las cadenas que tenían hasta ese momento. Consigues que dejen de sufrir, o que dejen de pensar en la muerte, o que aguanten lo imposible mientras dura el temporal. Pero también les facilitas el volver a disfrutar; o reencontrarse con su propia vida, la de verdad, no esa de cartón piedra que se habían acostumbrado a llevar. Algunos llegan a conseguir cambiar por completo la forma de verse a sí mismos o la forma de ver el mundo. En tu presencia hay personas que reconocen por primera vez que se equivocaron, y les tienes que ayudar a perdonarse. Otros se reafirman en sus decisiones, y consiguen abandonar las dudas por primera vez en mucho tiempo y avanzar de verdad.
No todo son “fríos” trastornos, hay muchas historias personales. Te encuentras a personas que han tenido mucha, mucha, mala suerte. Tanta que, al escuchar sus relatos, tus propias creencias sobre el mundo se tambalean. Hay familias desestructuradas que generan muchísimos síntomas; hijos que son víctimas de sus padres, y padres que fueron víctimas a su vez de los suyos. A veces, parece como si tú fueras el mecánico al que le encargaran revertir una gran e infinita cadena de transmisión de sufrimiento, llena de engranajes, todos perfectamente organizados para ahogar el bienestar. Pero eso, que puede parecer siniestro y desmoralizador en un primer momento, tiene otra cara que es tremendamente positiva. Y es que en la mayoría de los casos, al revertir el mecanismo, puedes ver no solamente el bienestar y la satisfacción de tu paciente, sino que piensas en sus hijos, en su pareja, en todo aquel que se encuentre con él, y te das cuenta de la responsabilidad y, sobre todo, del poder transformador que tiene el psicólogo. Fruto de tus acciones se generarán cambios vitales con implicaciones asombrosas, inabarcables, estremecedoras.
A veces, el azar te pone delante situaciones que te transmiten muy claramente tu tarea. Por ejemplo, cuando ves a una mujer de 50 años que lleva los últimos 30 viviendo a diario con ansiedad, con miedos y preocupaciones angustiosas, con somatizaciones, en un estado de constante infelicidad; y te cuenta que su madre jamás le dijo que la quería, que jamás le dio un abrazo. Y a continuación ves a una chica de 18, que está viviendo lo mismo con su madre, que siente el rechazo, la indiferencia, la hiperexigencia. Y te dice que está empezando a tener ansiedad. Qué dramática coincidencia. Y qué rabia sientes al verlo. Rabia, injusticia, tristeza…. Pero no, impotencia no. Porque en ese momento, sin poder quitarte de la cabeza a la mujer de 50 con media vida de ansiedad a cuestas, miras a la adolescente y, con una convicción que viene de lo más profundo, piensas: «Cambiaremos la historia, me dejaré la piel para que tu vida sea diferente».
En fin, ser psicólogo/a tiene algo de esto; y por supuesto, muchas cosas más. Espero que algún día lo descubras por ti mismo/a”.
(Gonzalo Hervás)

 ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Estáis de acuerdo con él? ¿Si, No? ¿Os ha sorprendido? ¿Coincide con vuestra idea de lo que es ser Psicólog@?

¿Qué opináis?…

Hasta el próximo post.. y recordar lo que siempre os digo…

“Elegir Sentiros Bien, Elegir Ser Felices”

 

 

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